En artículos anteriores hemos hablado de la importancia de cuidar nuestro propio “jardín interior”, nuestra autoestima. Pero hay una verdad que a veces olvidamos: vivimos en un ecosistema. Nuestras palabras, nuestras miradas, nuestras acciones, son el clima que creamos también para los demás. Podemos ser el sol que ayuda a florecer, o podemos ser la helada que marchita.
Hoy vamos a hablar de nuestra responsabilidad como “jardineros respetuosos”. No se trata de cuidar el jardín de los demás, porque esa es tarea de cada uno. Se trata de asegurarnos de que nuestra presencia aporte nutriente en lugar de dañar. Hay las malezas accidentales que a veces sembramos sin darnos cuenta.
Todo buen jardinero sabe que hay ciertas plantas invasoras, ciertas “malezas”, que, si se dejan crecer, pueden ahogar las flores más hermosas. En nuestra comunicación, a menudo usamos “malezas” verbales sin darnos cuenta, frases y actitudes que, aunque no tengan mala intención, pueden sofocar la confianza de los demás. Vamos a ver las tres más comunes:
Hablar sin medir las palabras: Muchas veces lo hacemos por impulso, sin tener en cuenta las consecuencias de lo que decimos. Cuando hablamos sin medir las palabras o el tono de voz, podemos hacer mucho daño y luego que las palabras fueron dichas ya no se puede volver atrás
No valorar el trabajo que hicieron otros: El no valorar lo que hacen otros es algo que está bastante arraigado porque muchas veces lo sufrimos en carne propia
Exponer a alguien frente a los demás: Lastimar a una persona frente a otros produce una herida difícil de curar porque herimos su amor propio y su autoestima. Esa persona queda con un mal sentimiento y un recuerdo difícil de olvidar.
En la próxima, veremos las acciones recomendables para tender puentes hacia los demás.
¡Que tengas un buen día!