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DECLARACIÓN
DEL CONGRESO DE LA 71
Ante el fin del año 2005 –primero del gobierno del Frente Amplio y sus
aliados- el Congreso de la 71
REAFIRMA
Su compromiso a redoblar esfuerzos, junto a todo el Partido Nacional, para
velar por el desarrollo pleno del Hombre -único e irrepetible- el respeto
de su dignidad y el logro de su felicidad.
En tal sentido,
DECLARA
Su convicción de que debe ser el Partido Nacional el llamado a regir los
destinos de la Nación toda, sin divisiones, ni ideológicas ni sociales,
que no aceptamos ni siquiera en el plano teórico, y que nos quieren
imponer los que se pretenden representantes de una parcela de la sociedad
uruguaya, que enfrentan a otra parte de los ciudadanos, en una visión
esquizofrénica de la realidad nacional.
Porque es el Partido Blanco el “Partido de la Nación”, porque para
los blancos “no hay nadie mejor que nadie”, porque tenemos una
concepción del hombre y de la sociedad integradora de capacidades y
afectos que se expresa en solidaridades fraternas, que se constituyen en
un común proyecto de Nación.
En tal sentido, creemos que el Partido Nacional, en tanto porción
organizada de ciudadanos que comparten una misma visión del hombre y de
la sociedad, está cumpliendo un papel trascendente en la vida política
uruguaya, en un clima de unidad partidaria que debe ser celosamente
cuidado.
Al mismo tiempo, estamos convencidos de que es necesario que nuestro
Partido desarrolle un proceso de perfeccionamiento en la elaboración dinámica
de propuestas alternativas a la situación de postración que hoy vive el
país, que lo habilite a cumplir de mejor manera el desafío de
reencontrarse con la sociedad y asumir la responsabilidad de dar solución
a los problemas concretos de cada uno de los ciudadanos.
Mención especial merece el tema de los Derechos Humanos, al que el actual
gobierno ha dedicado tantos afanes.
Reivindicamos lo actuado por el Partido Nacional en ese sentido y
reafirmamos nuestra convicción de que la Ley de Caducidad es un
instrumento jurídico que, debidamente aplicado, tiene la capacidad de dar
satisfacción a los sentimientos que embargan a la gente.
El Partido Nacional no fue, no es, ni será cómplice de nadie. Ni de los
que por la violencia quisieron imponer el “evangelio del hombre
nuevo”, ni de quienes, en idéntica convicción mesiánica, abusaron de
las armas que el pueblo había depositado en sus manos.
Apoyados en estas convicciones,
EXPRESAMOS
Que la falta de trabajo, la pobreza, la marginalidad, la desaparición de
un modelo de sociedad integrada, solidaria e incluyente, que dio paso a la
segmentación, a la diferenciación, a que partes de la misma comunidad
nacional vivan ajenas a las formas culturales de la mayoría, son nuestro
desafío para construir una alternativa.
Que la falta de horizontes para los jóvenes, la violencia instalada en la
calle y en los hogares, y la falta de esperanza, nos hablan de una
sociedad que está fragmentada y a la que tenemos la obligación de
recomponer.
Que la ciencia económica debe estar al servicio del bien común, sin
incurrir ni en dogmatismos ni en la aplicación de modelos o recetas
importadas, actuando siempre con el pragmatismo propio de los blancos.
Y, por eso,
ASUMIMOS EL COMPROMISO
Que el trabajo sea nuestra primera preocupación, porque es el trabajo
honesto, desde lo público o desde lo privado, el que dignifica al hombre,
lo integra como ciudadano pleno al conjunto de la sociedad y opera como
uno de los principales agentes de socialización.
Generar trabajo es la primera responsabilidad. Hacerlo, requiere de
ciudadanos decididos a arriesgar sus ahorros –muchos o pocos– en
nuevos emprendimientos productivos, por lo que tenemos que consolidar las
condiciones aptas para ello.
Pero no únicamente los particulares tienen dicha responsabilidad. El
Estado también, en cuanto debe incentivar y ambientar la asunción de
riesgos por parte de los privados, y destinar recursos a la inversión pública,
creando las infraestructuras necesarias para el desarrollo, y, al mismo
tiempo, posibilitando que miles de uruguayos se ganen dignamente la vida y
no dependan de planes asistencialistas que pueden contribuir a paliar un
mal momento, pero que no aseguran mas que la prolongación de la agonía y
la incertidumbre.
El trabajo, que es la herramienta principal para sacar a tantas mujeres,
hombres y niños de las condiciones atentatorias de su dignidad, conlleva,
entre otras, la exigencia de que exista facilidad de acceder al crédito.
Este es uno de los mayores problemas que hoy tienen los uruguayos, tanto
en lo que refiere a fines productivos como para el consumo.
Condicionantes macroeconómicas y regulaciones administrativas impiden o
frenan la aplicación de recursos para la financiación de la construcción
de viviendas o para la obtención de prestamos productivos de largo plazo.
De igual modo, hombres o mujeres que necesitan del crédito para el
consumo, se ven enfrentados a las duras reglas que imponen los
administradores de bases de datos, condenando a la gente a caer en manos
de quienes explotan la necesidad con intereses usurarios.
Asimismo, asumimos el compromiso de dar respuesta a las necesidades de los
jóvenes. No habrá horizonte ni esperanza para nuestro país y para su
gente si no hacemos una fuerte apuesta a la formación de su capital
social y, en especial, a la juventud.
En el mundo de hoy la diferencia entre el éxito y el fracaso de las
naciones está determinado por la capacidad de sus hombres y de sus
mujeres. En tal sentido es imprescindible que el sistema educativo,
especialmente el público, vuelva a cumplir un papel protagónico como
agente de integración y movilidad social, y de transmisión de valores
comunes; de generación de justicia y equidad, formando y capacitando
ciudadanos capaces de enfrentar la complejidad del mundo moderno.
No somos un país chico ni un país pobre. Somos una Nación que demostró
reiteradamente tener la energía suficiente para asumir desafíos y
superarlos.
Despertar esas energías, aprovechar las ventajas de nuestra posición
geográfica y de nuestros recursos naturales y humanos es la exigencia que
tenemos por delante.
Dejar de mirar el pasado, pensar y trabajar por la visión del Uruguay del
porvenir es nuestro compromiso.
Para todo ello,
NOS PROPONEMOS CONSTRUIR LA ALTERNATIVA
Con convicción, coraje, entusiasmo y esperanza.
Pero entiéndase bien, no se trata de construir una alternativa electoral
para enfrentar a la coalición gobernante.
Nuestro compromiso es construir un camino alternativo que nos permita
enfrentar y resolver los problemas que a todos los uruguayos nos golpean.
No nos mueve la confrontación ni el encono.
Nos anima y nos convoca una gran empresa nacional, que como tal
entendemos, hoy, más que nunca, debe ser liderada por el Partido
Nacional.
Montevideo, domingo 4 de diciembre de 2005.
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