Hace 69 años

Durante el Quinqueño de Peñarol de los años 90´, la Internet hacía su aparición para el usuario hogareño.

Con una filosofía de red libre y constructiva, vivió sin duda alguna sus mejores años.

Eran comunes los foros de correo electrónico al cabo de un par de años.

La diáspora aurinegra, como no podía se de otra manera, formada por uruguayos pioneros, pero también y en mayor medida por uruguayos en el exterior, formaron la primer gran red uruguaya.

El color del club amado juntó las voces, las inspiraciones y el talento.

Surgieron muchos emprendimientos entonces. Uno de ellos fué una revista de anécdotas.

Debajo le dejo lo que escribía un Oriental de Miami el 16 de Julio del 2000.

El Almuerzo en lo del Negro Jefe

En octubre del 85, un amigo de la infancia me dió uno de mis más lindos regalos.
LLegué a Uruguay después de 9 años y después de varios días de estadía me dijo que para el sábado próximo no me comprometiera con nadie.
El sábado arrancamos desde Palmar y Blvd. Artigas camino a 8 de octubre y yo pensé: “seguro
vamos a ver a algún amigo de sorpresa”. Paramos en lo que hoy es la Pasiva en la esquina de Comercio, (“Los 8 hermanos” de mi niñez) compramos 2 pollos al spiedo y ahí me dí cuenta que teníamos una damajuana de rosadito de 5 lts.
Seguimos viaje en el auto y sin darme cuenta habíamos llegado a la calle 20 de febrero.
Me empezó a apretar el pecho y me entro una emoción de “aquellas”. Al parar en la puerta vi un mulato parado en ella, avejentado, un poquito encorvado, pero erguido como en aquella foto del 50! Habíamos llegado a lo de don Jacinto!.
Nos bajamos del coche y al ver al padre de mi amigo se nos acerca el monstruo y dijo: “Caraballo este es el botija que es tan hincha mío?”, me dio un abrazo y yo casi me pongo a llorar de la emoción y sorpresa.
Mi amigo me había llevado a almorzar a lo del gran Obdulio.
Pasamos y nos sentamos a darle a un copetín que había preparado doña Cata, de pique nos pusimos a hablar de fútbol, Maracaná, anécdotas, El Manya y la vida en sí.
Compartimos unas horas imborrables para mí y me dí cuenta que estaba ante un “graduado con honores” de la Universidad de la Vida.
Esa en la que rendís exámenes todos los días, en la que si “no salvás” te puede ir muy fiero.
En otra les daré detalles de su conversación. Hoy no.
Vi el famoso “cuartito” del los cuadros, esa montaña de historia que seguía viva en él.
En su patio vi un montón de banderines que tenia colgados (de “casi” todos los equipos de Uruguay) colgados en una cuerda que iba de un lado al otro del patio.
Fue un día de emoción e historia como ninguno que había vivido hasta ese entonces.
Regresé a USA, a los años volví a Uruguay y nunca más lo ví a Obdulio. Solo recuerdo aquel día que el flaco se lo llevó y no pude dejar de llorar.
El día del entierro, me encerré en mi cuarto y solo a hacer memoria de aquel día que la suerte me tocó, y almorzé con Jacinto y su esposa.

Escrito por Alejandro Sastre desde USA

Retazo de una entrevista de Revista Guambia en 1990

Periodista: Sí, la verdad que se acordaron poco de ustedes…

Obdulio: No, no es eso. Este es un país que… se tendrían que haber acordado de los del ’24, de los del ’28. Y sin embargo nunca se acordaron de eso.
Hablando con Héctor Scarone, con el Vasco Cea, que siempre iban a cenar a lo de Santucci en el aniversario del campeonato mundial del ’30, y a veces me convidaban, me había hecho muy amigo de ellos… Y un día fui. Bueno, nunca hubo ningún regalo de copa y me dio por preguntarles si la Asociación Uruguaya de Fútbol se había acordado de ellos… me mataron!! Y lo mismo pasó con nosotros. Con ellos dos y don José Nasazzi nos encontrábamos en el Casino, él fue gerente del Casino y todos trabajamos ahí… Alguna de arribita tomábamos. Pero nunca la Asociación se ha movido en el sentido de hacerle un homenaje a…
La vez pasada cayó el gerente… Me mandó los medicamentos… nooo!! Le digo a Cata: mirá no… nunca se acordaron de uno… hacé el favor!! Andá a la puta que te parió con la Asociación!!! Lo único
que hicieron fue venir acá, mirar los cuadros que tenía, porque tengo un montón de cuadros allá atrás, y acá hay uno grande, a ver cuándo podemos mandar los cuadros para el… cómo se llama?

Periodista: Para el museo?

Obdulio: …para el museo. Váyanse a la puta que los parió!! Ya se los regalé a mi nieto. Le dije: mirá, si no los querés los quemo. Porque donarlos, no los voy a donar a la Asociación. Ni a lo que pertenezca a la Asociación. Sinceramente… no va, conmigo no va.

Periodista: Se los quedó su nieto?

Obdulio: Noo!! No los quiso mi nieto. Me dijo “qué voy a llevar esto, abuelo. Adónde lo pongo?”. Seguro, son un montón de cuadros. Y después que hay un cuadro grande. Quieren verlos?

Periodista: Claro. (Salimos al fondo)

Lo acompañamos. En un rincón quinchado las paredes que lo forman sostienen el peso de los recuerdos: fotos viejas, retocadas por los años. Caras de otros tiempos, celestes desteñidos que hinchan pechos formados de a once, gachos y gorras de décadas compadres. En un rincón, una foto insólita donde un niño observa cómo los Campeones del 30 Nasazzi, Lorenzo Fernández, Héctor
Castro, el Vasco Cea comparten la copa con otro mito del paisito: Carlos Gardel, su estampa y su sonrisa. El niño de la foto (qué vueltas que tiene el destino!) no es otro que un Obdulio canillita. Atrevido desde chico, codeándose con la fama hasta hacerse un lugar en una foto que era para la historia. Más allá, una veintena de banderines dedicados. Más fotos enmarcadas, muchas personalidades virándose al sepia de los años, un aire espeso que cuesta atravesar en esta década noventera. Salvo para el perro de Obdulio, que se pasea moviendo una cola que nada sabe de glorias, garras y japoneses.

 

A 69 años: recuerdos y anécdotas  de la hazaña de 1950
Alternaron en la alineación titular 14 jugadores :  
 

 

Roque G. Máspoli Arquero Peñarol  32 años
Aníbal Paz   Arquero Nacional 32 años 
Matías Gonzáles Back derecho Cerro 25 años
Eusebio R. Tejera Back izquierdo  Nacional 28 años
Juan C. Gonzáles Half derecho Peñarol 25 años
Schubert Gambetta Half derecho Nacional 30 años
Obdulio J. Varela Centre Half Peñarol 32 años
Víctor R. Andrade Half izquierdo Central 23 años
Alcides E. Ghiggia Wing derecho Peñarol 23 años
Julio G. Pérez Insider derecho Nacional 24 años
Oscar O. Míguez Centre forward Peñarol 22 años
Juan A. Schiaffino Insider izquierdo Peñarol 24 años
Ernesto Vidal Wing izquierdo Peñarol 28 años
Ruben Morán Wing izquierdo Cerro 20 años

D.T. JUAN LOPEZ  
P.Fisico Romeo Vazquez 

Figuraban en el plantel, sin haber actuado:  William Martinez, Rodolfo Pini, Washington Ortuño, Julio C. Britos, Carlos Romero, Luis A. Rijo, y J.Burgueño.  


Una del Negro Jefe
Portate Bien Japonés!

Bigode, a poco de iniciarse la brega, le tiró un par de hachazos al flaco de una violencia tal, que estubo a punto de desencuadernarlo.  
Obdulio no esperó más. Se acercó a Bigode y llevó el pulgar al ojo derecho.  A buen entendedor, con un Ojo!, basta.  
Y para extremar la expresiva  advertencia, un ratito despues, cuando Bigode venía con la pelota, Obdulio lo cruzó fuerte y se la llevó. 
Bigode se quedó blanco. Fue  el pasaporte para que Ghiggia entrara a las cercanías de Barboza sin ser molestado.


Una del Mono
Cuenta Ghiggia,  en 100 Años de Futbol (tomo 18) una del “Mono” Gambetta… 

Que el día de la final en Maracaná, los Uruguayos abandonaron el hotel con mucha anticipación, previendo “tapones” en el transcurso de Río que les complicara la llegada al Estadio a una hora prudente. En el flamante y confortable vestuario había unas colchonetas irresistibles para hecharse a descansar. Gambetta se zambulló y se quedó profundamente dormido. Hubo que despertarlo para que se pusiera el equipo, pues faltaba menos de una hora para el comienzo de la lucha.  
“El Mono” fue, mientras no actuó, el jugador numero 12. Cuando terminó el partido debut contra Bolivia – donde no intervino – entró a la cancha a dar los hurrahs junto a los vencedores. (Por si le faltaba fuerza al coro…)  
Como podía perderse una final del Mundo con un personaje así!.  


Penales Ausentes
A pocos minutos de iniciarse el partido “levantaron” a Míguez en el área peligrosa de Brasil.  
El árbitro Ingles ni se enteró.  
Matías González miro a Tejera:

 – “Cato”…(le díjo) parece que no cobra penales…  
 – Parece… (respondió Tejera)…  
 Al rato, Ademír entró al área uruguaya con la pelota dominada. Era el goleador del certámen, y dejarlo tirar equivalía a un suicidio.  
 Matías y Tejera lo trancaron: y Ademír recibió la primera lección de un curso aéreo.  
Por suerte, Mr. Reader  estaba leyendo, lejos de la jugada.  


COSAS,… DE OBDULIO J. VARELA 
Entre las preguntas a el NEGRO JEFE,… unas de PEPE VINACHO.

BATIME, ” TOCAYO”  … DE QUE TE HICIERON A VOS ? 

…antes del asalto a pata armada a Maracaná, si no temblablas al pensar que tenías que enfrentar a Zizinho. Ademír, y Jaír, y vós le contestastes: “No… Porque  sabe una cosa Japonés?… Yo marqué a Ciocca, Atilio, y a Méndez, Pedernera, y Moreno…”  
Por todo eso, “Tocayo”, mil veces me digo “cachendié:  de  qué estará hecho este coso?…  
Pa’ mí Negro… que vos no sos de carne y hueso…Pá’ mí que sos una estatua morena hecha con piedritas de baldío  …o un monumento de granito que preparó el Mariscal Nasazzi, cuando de muchacho, la yugaba en una marmolería de una barriada de Bella Vista, para dejarlo como herencia de su imagen de gladiador y su alma de charrúa. 
(PEPE VINACHO) 


Una copa perdida en el tumulto
Los Uruguayos terminaban de romper todos los esquemas proyectados por los Brasileños para exaltar la ceremonia del “scratch”.  
El equipo de la casa estaría aguardando – alineado en el centro del field – que el Presidente de la FIFA avanzara por una alfombra roja tendida hasta allí, para terminar su marcha entregándole a el capitán Augusto, la Copa Jules Rimet.  
Despues de escucharse el Himno Nacional, Rimet procedería a la entrega, con el marco de una vistosa guardia de honor. Unas breves palabras suyas para los altavoces, sellando el acto.  
Pero nada de esto sucedió.  
Mr Rimet, envuelto en la locura de los pocos Uruguayos que habían invadido el campo, deambulaba con la Copa sin poder afirmar su paso. Por fín, entre la gente que lo rodeaba, descubrió a Obdulio. Fue hasta él, le puso la Copa en las manos que extrechó cordialmente, y se retiró sin pronunciar una sílaba, justo cuando Obdulio acababa de decir a sus muchachos: 
“Vámonos…porque igual  con Copa o sin Copa somos los Campeones del Mundo.”  

Esta última nota es de HISTORIA DE LOS MUNDIALES DE FUTBOL  
de la Edición especial de EL PAIS Numero 4, del  29 de Setiembre de 1989. 
recopilado por  Julio Martirena para Opinión2000 .-

 

 

1950
Los 4 países británicos se habían integrado a la FIFA a tiempo para participar de la copa del mundo 1950 en Brasil. El campeonato local fué designado como clasificatorio para los 2 mejores equipos en 1948-50. Escocia decidió que solo irían al mundial si ganaban el grupo. Inglaterra ganó el grupo y fué al mundial, Escocia por su parte declinó. El formato del torneo volvió a cambiar. Esta vez habían 4 grupos en la primera ronda (de 4, 3 y 2 equipos) y los equipos ganadores de cada grupo jugaron en otra mini-liga para decidir la destinación de la copa mundial. Aunque no hubo una final formal.  Inglaterra y Brasil eran los favoritos. Ambos encontraron amarga desilusión. Inglaterra fué eliminada en la primera ronda después de la increíble derrota ante los Estados Unidos por 1 a 0. Brasil, con un maravilloso ataque construído alrededor del goleador y centre-forward Ademir de Menesis, alcanzó la ronda final – después perdió el partido decisivo ante Uruguay por 2 a 1. La derrota fué más allá del shock a causa del record mundial de que 200.000 personas, habían llenado el nuevo estadio de Maracaná, esperando celebrar. Brasil perdió 2-1 habiendo estado en ventaja desde temprano en el segundo tiempo del partido, en el cual un empate era suficiente para ser campeones. – Uruguay había perdido 1 punto anteriormente al empatar 2 a 2 con España.

(De “La historia de la copa del mundo 1930-1994”).

 
Una Leyenda Nace ….. 

El 16 de julio de 1950, en el estadio Maracaná de Rio de Janeiro, nació una de las últimas leyendas del fútbol rioplatense; ese día, el imponente centromedio uruguayo Obdulio Varela silenció a 150 mil fanáticos que festejaban el gol brasileño en la final de la Copa del Mundo, convertido por el puntero Friaca. A los seis minutos del segundo tiempo, Brasil abrió el marcador alentado por las repletas tribunas del Maracaná, inaugurado especialmente para ese torneo. Entonces, todo Río de Janeiro fue una explosión de júbilo; los petardos y las luces de colores se encendieron de una sola vez. Obdulio, un morocho tallado sobre piedra, fue hacia su arco vencido, levantó la pelota en silencio y la guardó entre el brazo derecho y el cuerpo. Los brasileños ardían de júbilo y pedían más goles. Ese modesto equipo uruguayo, aunque temible, era una buena presa para festejar un título mundial. Tal vez el único que supo comprender el dramatismo de ese instante, de computarlo fríamente, fue el gran Obdulio, capitán–y mucho más–de ese equipo joven que empezaba a desesperarse. 
Y clavó sus ojos pardos, negros, blancos, brillantes, contra tanta luz, e irguió su torso cuadrado, y caminó apenas moviendo los pies, desafiante, sin una palabra para nadie y el mundo tuvo que esperarlo tres minutos para que llegara al medio de la cancha y espetara al juez diez palabras en incomprensible castellano. No tuvo oído para los brasileños que lo insultaban porque comprendían su maniobra genial: Obdulio enfriaba los ánimos, ponía distancia entre el gol y la reanudación para que, desde entonces, el partido–y el rival–, fueran otros. 
Hubo un intérprete, una estirada charla–algo tediosa– entre el juez y el morocho. El estadio estaba en silencio. Brasil ganaba uno a cero, pero por primera vez los jóvenes uruguayos comprendieron que el adversario era vulnerable. Cuando movieron la pelota, los orientales sabían que el gigante tenía miedo. 
Fue un aluvión. Los uruguayos atropellaban sin respetar a un rival superior pero desconcertado. Obdulio empujaba desde el medio de la cancha a los gritos, ordenando a sus compañeros. Parecía que la pelota era de él, y cuando no la tenía, era porque la había prestado por un rato a sus compañeros para que se entretuvieran. Llegó el empate. Los brasileños sintieron que estaban perdidos. El griterío de la tribuna no bastaba para dar agilidad a sus músculos, claridad a sus ideas. Las casacas celestes estaban en todas partes y les importaba un bledo del gigante. Faltaban nueve minutos para terminar cuando Uruguay marcó el tanto de la victoria. El mundo no podía creer que el coloso muriera en su propia casa, despojado de gloria.

El reposo del centrojás(Osvaldo Soriano 1972)

 


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